TIEMPO ORDINARIO
LUNES DE LA SEMANA VIII
Del Común de la Virgen María. Salterio IV
25 de mayo
INVITATORIO
Si ésta es la primera oración del día:
V. Señor abre mis labios
R. Y mi boca proclamará tu alabanza
Se añade el Salmo del Invitatorio con la siguiente antífona:
Ant. Aclamemos al Señor en esta fiesta de María Virgen.
Si antes se ha rezado ya alguna otra Hora:
V. Dios mío, ven en mi auxilio
R. Señor, date prisa en socorrerme. Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén. Aleluya.
Himno: LUCERO DE LA MAÑANA
Lucero de la mañana,
norte que muestra el camino,
cuando turba de continuo
nuestro mar la tramontana.
Quien tanta grandeza explica
sin alas puede volar,
porque no podrá alabar
a la que es más santa y rica.
Sois pastora de tal suerte,
que asegurais los rebaños
de mortandades y daños,
dando al lobo cruda muerte.
Dais vida a quien se os aplica,
y en los cielos y en la tierra
librais las almas de guerra,
como poderosa y rica.
Si vuestro ejemplo tomasen
las pastoras y pastores,
yo fío que de dolores
para siempre se librasen.
Tanto Dios se os comunica,
que sin fin os alabamos,
y más cuando os contemplamos
en el mundo la más rica. Amén.
SALMODIA
Ant 1. Que bueno es el Dios de Israel para los justos.
Salmo 72 I - POR QUÉ SUFRE EL JUSTO
¡Qué bueno es Dios para el justo,
el Señor para los limpios de corazón!
Pero yo por poco doy un mal paso,
casi resbalaron mis pisadas:
porque envidiaba a los perversos,
viendo prosperar a los malvados.
Para ellos no hay sinsabores,
están sanos y engreídos;
no pasan las fatigas humanas
ni sufren como los demás.
Por eso su collar es el orgullo,
y los cubre un vestido de violencia;
de las carnes les rezuma la maldad,
el corazón les rebosa de malas ideas.
Insultan y hablan mal,
y desde lo alto amenazan con la opresión.
Su boca se atreve con el cielo,
y su lengua recorre la tierra.
Por eso mi pueblo se vuelve a ellos
y se bebe sus palabras.
Ellos dicen: «¿Es que Dios lo va a saber,
se va a enterar el Altísimo?»
Así son los malvados:
siempre seguros, acumulan riquezas.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Que bueno es el Dios de Israel para los justos.
Ant 2. Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Salmo 72 II
Entonces, ¿para qué he limpiado yo mi corazón
y he lavado en la inocencia mis manos?
¿Para qué aguanto yo todo el día
y me corrijo cada mañana?
Si yo dijera: «Voy a hablar como ellos»,
renegaría de la estirpe de tus hijos.
Meditaba yo para entenderlo,
pero me resultaba muy difícil;
hasta que entré en el misterio de Dios,
y comprendí el destino de ellos.
Es verdad: los pones en el resbaladero,
los precipitas en la ruina;
en un momento causan horror,
y acaban consumidos de espanto.
Como un sueño al despertar, Señor,
al despertarte desprecias sus sombras.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Su risa se convertirá en llanto, y su alegría en tristeza.
Ant 3. Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.
Salmo 72 III
Cuando mi corazón se agriaba
y me punzaba mi interior,
yo era un necio y un ignorante,
yo era un animal ante ti.
Pero yo siempre estaré contigo,
tú tomas mi mano derecha,
me guías según tus planes,
y me llevas a un destino glorioso.
¿No te tengo a ti en el cielo?;
y contigo, ¿qué me importa la tierra?
Se consumen mi corazón y mi carne
por Dios, mi herencia eterna.
Sí: los que se alejan de ti se pierden;
tú destruyes a los que te son infieles.
Para mí lo bueno es estar junto a Dios,
hacer del Señor mi refugio,
y proclamar todas tus acciones
en las puertas de Sión.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Amén.
Ant. Para mí lo bueno es estar junto a Dios, pues los que se alejan de ti se pierden.
V. Qué dulce al paladar tu promesa, Señor.
R. Más que miel en la boca.
PRIMERA LECTURA
De la segunda carta a los Corintios 8, 1-24
PABLO PIDE UNA COLECTA EN FAVOR DE JERUSALÉN
Hermanos: Os queremos dar a conocer la gracia de Dios que se ha manifestado en las Iglesias de Macedonia. Pasaban por una dura prueba de escasez y, sin embargo, su rebosante gozo y su extremada pobreza culminaron en la riqueza de su liberalidad. Porque según sus posibilidades (de esto soy testigo), y aun por encima de ellas, nos pedían espontáneamente y con mucha insistencia la gracia de poder participar en este servicio en favor de los fieles (de Jerusalén).
Y fueron más allá de lo que esperábamos: ellos mismos se pusieron a disposición primero del Señor y luego de nosotros, porque ésa era la voluntad de Dios. Ante este resultado, rogamos a Tito que, según había comenzado antes, llevase también a feliz término entre vosotros esta obra de caridad.
Por lo tanto, así como sobresalís en toda clase de carismas de fe, de discursos, de ciencia, en toda obra de celo y en la caridad que hemos puesto en vosotros, sobresalid también en esta obra de generosidad. No es una orden que os doy, sino que, movido por el interés de los demás, quiero comprobar lo sincero de vuestra caridad. Bien conocéis el ejemplo de liberalidad de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, para que os enriquecierais con su pobreza.
Esto no es más que un consejo que os doy; y viene muy bien a vosotros, que desde el año pasado sois los primeros, no sólo en poner manos a la obra en la colecta (ahora interrumpida), sino también en la voluntad de llevarla a cabo. Terminad, pues, ahora, la obra comenzada. Que a vuestra prontitud en la iniciativa corresponda ahora su realización, según vuestras posibilidades.
Cuando la voluntad está pronta es bien recibida con lo que se tenga; no se mira a lo que no se tiene. No se trata de que vosotros paséis escasez para que otros tengan holgura, sino de que haya equidad. En estas circunstancias, que vuestra abundancia remedie la escasez de aquellos, y que su abundancia alivie vuestra indigencia; y así haya equidad. Dice a este propósito la Escritura: «El que mucho recogió no tuvo de más, y el que poco no anduvo en escasez.»
Gracias doy a Dios porque ha puesto en el corazón de Tito este mismo interés por vosotros. Porque no sólo acogió bien nuestra invitación, sino que, solícito como el que más, por propia iniciativa se dirigió a vuestro lado. Junto con él os enviamos a otro hermano nuestro, que se ha ganado las alabanzas de todas las Iglesias en la difusión del Evangelio. Y no sólo esto, sino que por voto común de las Iglesias (de Macedonia) ha sido designado como compañero de nuestros viajes en esta obra de caridad, obra que llevamos entre manos para gloria del mismo Señor y prueba de nuestra buena voluntad.
Así tratamos de evitar que nadie nos critique por estas abundantes limosnas que vamos recogiendo, pues procuramos el bien no sólo ante Dios, sino también ante los hombres.
Os enviamos con ellos al otro hermano nuestro, de cuyo interés y celo hemos tenido pruebas bien claras en tantas ocasiones; en ésta se ha mostrado mucho más solícito por la gran confianza que tiene en vosotros.
Por lo que se refiere a Tito, sabéis que es mi compañero y colaborador en el apostolado entre vosotros; los demás hermanos nuestros son delegados de las Iglesias, son gloria de Cristo. Así pues, como lo esperan las demás Iglesias, hacedles demostración de vuestra caridad, y demostradles que son verdaderos los elogios que de ella hicimos.
RESPONSORIO 2Co 8, 9; Flp 2, 7
R. Bien conocéis la liberalidad de nuestro Señor Jesucristo, que, siendo rico, se hizo pobre por vosotros, * para que os enriquecierais con su pobreza.
V. Se anonadó a sí mismo, y tomó la condición de esclavo.
R. Para que os enriquecierais con su pobreza.
SEGUNDA LECTURA
De las obras oratorias de Bossuet, obispo de Meaux, sobre la bienaventurada Virgen María
(Sermón sobre la fiesta del escapulario: Oeuvres oratoires, edición Lebarq, Desclée de Brouver 1926, I, 388-389)
MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA
La santa Virgen María es la verdadera Eva, la verdadera madre de todos los vivientes. Vivid, vivid, y María será vuestra madre. Pero vivid de Jesucristo y por Jesucristo, porque incluso María tiene vida únicamente de Jesucristo y por Jesucristo.
La maternidad de la santa Virgen es una realidad innegable. Por otra parte, que María sea madre de los cristianos es algo que no puede ser más oportuno; éste fue también el designio de Dios, revelado ya desde el paraíso. Pero para que esta realidad penetre más profundamente en vuestros corazones, debéis admirar el modo como este designio de Dios llegó a cumplimiento en el Evangelio de nuestro Salvador, contemplando cómo Jesús quiso asociar a sí a la santa Virgen al engendrarnos por medio del alumbramiento de su sangre, que siempre tan fértil, produjo frutos agradables al Padre.
En aquella ocasión, san Juan representaba la universalidad de los fieles. Entended mi raciocinio: todos los demás discípulos del Salvador abandonaron a Jesús. Dios permitió que esto sucediera así para que comprendiéramos que son pocos los que siguen a Jesús hasta su cruz.
Así, pues, habiéndose dispersado todos los demás discípulos, la providencia quiso que, junto al Dios que moría, no permaneciera sino Juan, el discípulo amado. Él fue el único, él, el verdadero fiel; porque únicamente es verdadero fiel de Jesús el que le sigue hasta la cruz. Y fue así como este único fiel representó a todos los fieles. Por consiguiente, cuando Jesucristo, hablando a su Madre, le dice que Juan es su hijo, no penséis que considera a san Juan como un hombre particular: en la persona de Juan entrega a María todos sus discípulos, todos sus fieles, todos los herederos de la nueva alianza, todos los hijos de su cruz.
Por esto, precisamente, llama a María «Mujer»; con esta expresión quería significar «Mujer por excelencia, Mujer elegida singularmente para ser la madre del pueblo elegido». «Oh Mujer, oh nueva Eva —le dice—, ahí tienes a tu hijo; por tanto, Juan y todos los fieles a quienes él representa son tus hijos. Juan es mi discípulo, mi discípulo amado; recibe, pues, en su persona a todos los cristianos, porque aquí Juan los representa a todos, ya que todos ellos son, como lo es Juan, mis discípulos, mis discípulos amados.» Esto es lo que el Salvador quería significar a su santa Madre.
Y lo que más importante se me antoja en este hecho es que Jesús dirija estas palabras a María desde la cruz. Porque en la cruz es donde el Hijo de Dios nos dio la vida y nos engendró a la gracia por la fuerza de su sangre derramada por nosotros. Y es precisamente desde la cruz desde donde significa a la purísima virgen María que ella es madre de Juan y madre de todos los fieles. Mujer, ahí tienes a tu hijo, le dice. En estas palabras contemplo al nuevo Adán que, al engendrarnos por su muerte, asocia a la nueva Eva, su santa Madre, en la generación, casta y misteriosa, de los hijos del nuevo Testamento.
RESPONSORIO Jn 19, 26; cf. Gn 3, 20
R. «Mujer, ahí tienes a tu hijo», dijo Jesús a su madre; luego dijo al discípulo: * «Ahí tienes a tu madre.»
V. Se llamará nueva Eva, por ser la madre de todos los vivientes.
R. Ahí tienes a tu madre.
ORACIÓN.
OREMOS,
Señor, Padre de misericordia, cuyo Hijo, clavado en la cruz, proclamó como Madre nuestra a su Madre, santa María virgen, concédenos por su mediación amorosa, que tu Iglesia, cada día más fecunda, se llene de gozo por la santidad de sus hijos, y atraiga a su seno a todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
CONCLUSIÓN
V. Bendigamos al Señor.
R. Demos gracias a Dios.
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